El sonido del cununo arrebata el blanco a las paredes, derrite la pintura de aceite y esta baja como chorros de agua. Parada bajo el bombillo amarillo que alumbra desde el techo, te aterras por un instante con la radiografía: la luz cenital acentúa la celulitis en tus muslos y dibuja sobre tu cara sombras que te hacen ver mayor. No importa. Miro el reloj, son las dos. 4. Siento que somos amigas, que entre nosotras puede existir un lazo sexualmente firme y que no es necesario saber mucho más que esto. —El enano, acurrucado frente a Leticia, le agarra las manos y trata de levantarla. No es el pelotudo de mi hijo el que te está manteniendo, gorda. Pasó la mano sobre su muslo haciendo desaparecer las arrugas de su pantalón. Luego escogió sólo el dedo índice para moverlo circularmente con un ritmo sostenido. Esa vez que su mamá la encontró untándose un aguacate en las rodillas gritaba escandalizada y zapateaba de la ira como si la hubiera visto haciendo algo realmente horrible. Del olor que se desprende de sus ollas montadas en fogones de leña. Hay un placer incalculable en generar espacios privados en una relación que cada vez demanda más cederlos. Me puse el morral al hombro y sentí todo su peso sobre mi espalda. Miro la pared amarilla de la sala y veo una imperfección que se me parece al borde derecho del mapa de Colombia. [Poli se ríe desde el asiento de atrás y me dice que parezco uno de esos perros melancólicos que viajan en el puesto del copiloto acompañando a su amo, pero que a la larga se aburren, como todos nos aburrimos, al confirmar que la vida es la vida siempre y cuando sea en la calle. Parecía un adolescente con sus mechones de pelo casi blanco que le salían de la gorra. —Habla sentada en un sillón, sobándose las piernas, forradas con un pantalón de cuero negro, en pleno verano, y los caniches estirando las lenguas para alcanzar sus manos. Muy tarde, esto ya arrancó. Temo que fue hace mucho tiempo. La luz de la tarde entraba filtrada por el velo de la cortina y caía sobre la cama en la que alguna vez, ya viejos, mis abuelos habrían tenido sexo. Yo estaba ahí y era como si no estuviera, pero al mismo tiempo mi presencia era muy intensa. No iba a hacer un espectáculo ahí delante de mi mamá, «siempre mujer, siempre perfecta», como decía Emmanuel en esa canción que a ella le encantaba. Ni siquiera la había visto desnuda y ahora me disponía a escarbarle los recuerdos. Además, su jefa le había ordenado limitar el uso del teléfono en el centro de investigaciones. O pasta primavera. ¿Así tratás a los extranjeros que vienen a dejar guita en tu ciudad? Expandirse sobre mi espalda para llegar al mar helado y derretirlo. Busca un restaurante indio con el deseo de que algo picante despierte su lengua, pero lo que se despierta es su nostalgia. «A ver, negra, ¿cómo no vas a saber por dónde se tejen los hilos argumentales?», le repite en reuniones creativas, en las que Leticia debe adivinar por dónde los teje él, mientras descarga su neurosis sobre ella. Abre una lata de cordero en salsa de manzana. Si consigues a un hombre, mamacita, vas a tener que ponerte sílfide cueste lo que cueste, porque de otra forma no te van a entrar esos calzones cacheteros y los muslos se te van a ver como una presa recién capturada entre las medias de red. Los dioses africanos crearon el cununo. Quería friccionarme en su pecho como un gato y oler a él por siempre. —Vení, Rosalí —le digo mientras cojo a Mateo de sus brazos. —La abuela es tu mamá. Veo el reloj, seis y cinco. La profesora te recuerda, y les enseña a todas, que el pelo se lleva suelto para bolearlo de lado a lado, que las medias de malla se ponen por debajo del calzón cachetero y que se debe elegir una camisa con los botones algo sueltos para que te la puedas abrir de un solo viajado, como Demi Moore en Striptease . Ni para qué mencionarle a Pedro Mario el problema de la biblioteca, si tenía claro que para él los libros eran más importantes que ella. Chihuahua mini toy perros raza chihuahuas. Eso cuando papá estaba, que era cada vez menos, pues el presidente lo necesitaba casi siempre. La llaman modelo y a veces también empresaria. Jalisco, Metepec, Me gustaría poderte bañar, también secarte y volverte a juagar … —El enano canta a lo que le dan sus pequeños pulmones, mientras rocanrolea frente a Leticia, tocando una guitarra que no existe, sacando la lengua a lo Gene Simmons, una lengua que probablemente es un injerto de una lengua de vaca, larga y puntiaguda. Rozó mi cuello con su nariz y mis hombros con su barba. Atrás de la foto estaba escrito en una letra prolija y redonda: «Nosotros, mayo de 1940». Lo regalo, solo a quien ame los perros y viva o tenga un campo. ¿A qué sabe un beso de amor verdadero?, le pregunté. La ciudad está cubierta de truenos y humedad. var f = d.getElementsByTagName(s)[0], Ella presiente el hambre que la espera y bombea su leche. Ya dije, somos hacedoras de milagros. Y eso que su trabajo era auscultar cuerpos, reparar entrañas. Termino de comer. Otra estupidez. Quedan dos hembras , multi rasas abuela de cachorros es pitbul con dogo argentino y abuelo cane corso con pastor ingles y padre de las cachorras es rotbailer con quiltra. Das un paso a la derecha para entrar en un área menos iluminada y sientes alivio. El enano se entrega a la escena. Se quita la piel de oso y la deposita en la canasta de la basura. Nuevo León, cachorra de 3 meses y medio dogo argentino, Juárez, La noche pinta bien. Una mañana, en el momento en que salió, nosotras entramos a su casa. Saca unas cebollas del legumbrero. Luego borró con cuidado lo que quedaba de su trampa. Tan feo le parecía su nombre, que prefería que la llamaran por su estado civil y por el apellido de un marido muerto hace años. Oigo propuestas no me ofendo mandar mensaje al facebook robert octavius goddart preguntar por el bull, ... con líneas checas (Jirkova dvora), edad 2 años3 meses de edad, color dark sable, evaluación SG FCM. Al navegar en nuestro sitio aceptas que usemos cookies para personalizar tu experiencia según la Declaración de Privacidad. Venta de labradores. —Para ir a las sesiones de quimioterapia tenía que tomar tres autobuses — siguió Beatriz—. ¿A quién se le ocurre separarse por una biblioteca? Cuando pasaron recogiendo las bandejas, Beatriz dejó sobre su mesa auxiliar un plato con un trozo de pan que empezó a pellizcar muy despacio. Me helaba esperando en los paraderos. Cachorros poodle macho La cocina huele rico y Mateo está tranquilo, es una tajada delgada de felicidad. La cuadra es oscura. O res. ¿Qué le has dicho a tu perro de mí? Chao. Entonces articuló el problema de la permanencia de los objetos. —Supongo que sí. Hasta me dijiste que viviera contigo para no vivir el absurdo solo. Estoy diseñada para gustarle a los hombres y saber qué hacer con ellos, fingir desinterés y hacerme la difícil para probar la legitimidad de sus intenciones. Exprimidor de naranjas Con su primer salario como monitora de Introducción a la Antropología, la clase de María Paloma Echeverri Lombana, Mildred le compró a su mamá un exprimidor de naranjas eléctrico. 'search_keyword': 'dogo argentino', Duele la que está abrigada porque aún siente frío. Vergüenza porque me habían abandonado. Salí del consultorio temblando. Verónica no la pudo encontrar nunca. Es lingüista de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en Lingüística de la Universidad de São Paulo. Leticia se mete los dedos a la garganta para escupir las mentas y se le viene una cascada de vómito. Mi tío Luis ya tenía facciones propias y estaba entre la poltrona y su mamá, que ahora era quien estaba de pie al lado derecho. Pesa mucho, pesan mucho mis piernas. Aun los que no sienten tienen dolores fantasma, ¿sabías? Giras de medio lado para medir a ojímetro el ancho de tu torso cuando estás de perfil. Ellas son, apenas, eróticas, claro, dependiendo de la libido y su imaginación. Las baldosas partidas retoman sus formas simétricas y ocupan de nuevo su lugar. «Cállese, vieja hijueputa, usted qué va a ser médica. ¿Qué pasa? Su mamá, que no sabe ni pegar un botón, se esforzó hasta lo desconocido para coserlo. Al otro lado encuentra la mirada inquisidora del policía. [Poli pasa la calle corriendo. Más violenta: cuando tropezó con los zapatos de su papá, cuando su papá y su mamá todavía vivían juntos y cayó sobre el filo de la cama. Incluso podría uno decir que no sabía que había una cámara y parecía que alguien la hubiera pillado masturbándose. ¿Y nosotras? Los gritos de la madre se oyen nítidos. En 2018 publicó con Planeta el libro de autoficción Mi Navidad en un psiquiátrico. La ropa del pibe, como lo llamaron los de la verdulería de la esquina, está desperdigada aquí y allá en montículos que parecen instalaciones de obras putrefactas. Me lo confirmó una película cubana sobre una teta generosa que goteó para varias bocas, menos para la propia, ella ni siquiera probó del maná que brotaba de su ser en esa inmensidad agitada. Caer en la espalda, en la mía. new Date().getTime(), event: 'gtm.js' No hay mensajes nuevos. Aunque sería un milagro que todavía estuviera viva —dijo Verónica en nuestra conversación telefónica del domingo. No razonas el nombre. —Es de un monje que dice que lo más valioso que hay en el mundo es la cabeza de un gato muerto. Estoy poco exigente, quiero que una me dé bola y acepte invitarme a su casa en las próximas horas: no importa cómo sea, qué haga, qué opine de la vida. Actualmente es estudiante de la maestría en Escritura Creativa de esa entidad. —Gracias. Quizás algún otro día en el que no hiciera match con nadie podría volver a verlo y darle la oportunidad de coger, pero una segunda cita implicaría charlar y preguntar por sus intereses y su pierna coja. Como si el deseo de cogerme a una mujer no pudiera existir en ese mundo perfecto del fin de semana. Tiene los ojos muertos. —Lo siento mucho —le dije a la mujer de la pañoleta. Soni se da cuenta de mi inexperiencia. Miro alrededor a ver si está entre los oficinistas sentados en sillas de plástico. En su casa todas las visitas se hacían en la sala, sin importar el grado de cercanía o familiaridad. No. Dios tenía cara de sufrimiento. Luego exhalas, relajas los abdominales y recobras tu figura habitual. Creo que es por una historia zen. Al poco tiempo de la partida de Verónica, contesté una llamada para ella. Luego empezó a conversarle en susurros con gran veneración. Miro los ojos cerrados del bebé. La pornografía que veo es inexacta, la realidad del sexo es más liviana. Pasa por lotes abandonados en donde descansan figuras retorcidas de metal: fueron sillas, marcos de bicicleta, obras de arte. Después del baile sigue el karaoke. Hasta que un policía que ha estado ocupado en otros asuntos la obliga a hacer el examen «soplando y dejando los pulmones en la maquinita». Ciudad de México, Benito Juárez, Aunque menuda, inundaba la foto con su presencia y con una sonrisa conectada e intensa. A pesar de los gritos de las gemelas y de las risas del paisa, Leticia le saca los ciento veinte kilómetros al Peugeot 504 prestado de su jefe. El timbre de su voz es gutural y melancólico. var doc = i.contentWindow.document; Eso preparé. Navegarla sin brújula alguna. A mí también me ofrece protectores para el pezón, que la bebé tome entre sus encías un dispositivo de silicona, ¡por Dios!, si piel con piel nos comunicamos mejor, si uno siente porque el material del que están hechas cede bajo la presión de las mordidas. Varias autoras Juliana Ángel Osorno, Juliana Restrepo, Alejandra Omaña (Amaranta Hank), Fátima Vélez, Andrea Mejía, Lina Tono, Mónica Gil Restrepo, Juliana Muñoz Toro, María del Mar Ramón, María Ospina, Melba Escobar de Nogales, Dayana Zapata Flórez, Andrea Salgado, Lina María Parra Ochoa, Isabel Botero, Mariángela Urbina Castilla, Adelaida Fernández Ochoa, Paola Guevara, Tatiana Andrade Mejía y Valentina Calvache. Leticia se suelta de Eugenia y se ampara en el pobre tipo, que sigue tirado en el piso, escarbando la tierra en busca de sus pequeños dientes. Toqué el timbre una sola vez. Ya no vuelve. Así que bloquea sus ecos y busca otro objetivo donde posar su mirada. La llave estaba en el cajón de la ropa interior, con la que me tocó lidiar a mí por ser la única nieta. Controlarla. Empezó a caminar por la casa y algunos la observaban y le hablaban, pero ella recordaba a su mamá y seguía su camino en silencio. Yo nací vencida, así que creía que era mejor estudiar. Ábrele la boca como si fueras a cepillarle hasta el último molar y taquéala de comida como si rellenaras una piñata hasta el tope. Me volví a mirarla. Venta de perritos de raza pequeña, perritos chiquitos en Lima Peru, pesos de aproximacion cuando llegan a ser adultos. Tenía las rodillas juntas y las puntas de sus pies separados estaban vueltas hacia adentro. Mildred nunca olvidó aquella clase en la que la hermanita les habló de sexo, pues marcó el principio del fin de su vida sexual. No miraba a la cámara. Hermosos cachorros raza Dogo Argentino, se entregan con todos sus controles veterinarios al día, criados en ambiente familiar y al aire libre. PAN DE VIDA Adelaida Fernández Ochoa Mis sentidos que disciernen el caos, mis pasos que lo atraviesan están al servicio de esta despensa que llevo en mi pecho. [Sentada en el comedor, Poli escupe el café de la risa, pero se atora y comienza a toser por todo el apartamento.] En una de las mesas cercanas a la mía alguien olvidó una revista de chismes: Vanidades . Estaba afanadísima. Su voz, una voz que retumba, que sopla, que como viento viaja hasta las almas y toca, y penetra, y se adentra, se adentra hasta descubrir secretos guardados y los pecados… esa no es una voz de este mundo, es la voz de un dios. Viajó mentalmente a los años en el grupo juvenil de la iglesia. Nada que ver con como estoy ahora. Lindos. ¿Qué pasa con ella? Pero Leticia no fue adiestrada en los nobles ejercicios de la autoconciencia. Pilar cantando «Duér me te ni ño duér me te tú que vie nelvi vi y te co me rá». —Tampoco. Cojo a Mateo y lo cargo. La oí hablando con mi tía Gilma de la prima Dieny. Por un momento pienso que es mejor. Esa explicación carente de todo razonamiento científico sólo me la confió a mí, claro, como parte del reporte nocturno de sus hazañas de médica que me hizo desde el primer día que vivimos juntas (y que ahora tanto añoro). Abre la puerta. El tamaño de las familias. Siempre debía estar alerta para esquivar las manos lascivas, que querían pellizcarle cualquier pedazo, y también las ladronas, que ya habían intentado robarle dos veces el estetoscopio. ¡Mamá!, grité. Leticia intenta hablar, dar explicaciones, pero la señora la para en seco. Abro la ventana para respirar el aire lleno de humo y ver al menos un poco más claras las montañas. Quizás se quedó sin cosas para contar. En la foto que me había mandado por e-mail, donde aparecía posando al lado de una jaula de ratones con una bata marcada con el logotipo de New England Medical Research Team, se veía igual que siempre. Pero el enano la dopa. Sus ojos negros ardían bajo el neón parpadeante del local. —Cáncer. Otro mordisco, otro trago, otra cucharada, más aguacate. Pero una mancha azul en el pecho interrumpía de forma evidente la blancura de su uniforme. Me abalancé sobre su cremallera y toqué su entrepierna. —Sí. 'gtm.start': Con los tendones marcados y los dedos agarrándose a la superficie blanda aquí y dura allá, nuestros pies se volvieron anchos y fuertes, algo masculinos, feos. Después de esa sesión telefónica Karol comenzó a llamarme (o, mejor dicho, a Verónica) cada dos semanas. Diana tendida en la silla playera con las piernas tan abiertas que se le sale un alambre por detrás de las rodillas y Rosario sentada encima salte que salte. Pido una botella de agua y saco un cigarrillo que prendo con esfuerzo porque las manos me tiemblan de los nervios. Tomó la taza de café y la empujó hacia el filo de la mesa hasta que cayó para estallarse contra el suelo. —Pero y cuando tomaste la foto, ¿te acuerdas? La leche que desborda la copa escurre por mi cuerpo, como sudor, humedece mi blusa estampada; descubrí que las telas estampadas me favorecen, tienen una lógica política, entre más enmarañadas, mejor ocultan. Y encontró este grupo en internet y me hizo prometerle que iba a venir. Para ella la vida es un blanco y negro de drama y amores imposibles. Culpa jesuita domina la situación y me arma un hueco a la altura del esternón, un vacío infinito: el placer del orgasmo viene acompañado de una necesidad de castigo. Ella se sienta en un banco de madera como si fuera un murito de esos que tienen las cocinas cuando quedan en patios de fincas viejas, y conversamos como cuando trabajaba en la finca de Arboletes y yo tenía quince años. Fue casi un accidente. * Camino al restaurante, la asistente que se ríe de los chistes del baboso me alcanza y termina por invitarse a almorzar conmigo. Divina. La mamá de Mildred, en cambio, odiaba a María Paloma por razones más variadas. No sé. Su madre le alargaba compresas tibias de brandy y limón, el secreto de las tías voluptuosas, y cuando el método etílico fracasó probaron con las cremas milagrosas, potenciadoras de grasa corporal que en poco tiempo demostraron su ineficacia. Entonces yo quedaría en el rincón, al lado de la ventanilla. Piratas tambien hay. —Doña Olga, Susi, ahí les dejé comida. Tendría que ser azafata de avión privado, algo que probablemente sólo existiría en el universo de una Barbie con hipotiroidismo, una de las enfermedades clásicas de Leticia. La luz que entraba por la cortina indicaba que se había hecho tarde, era más roja, como la yema de un huevo campesino. Cerré los ojos. —¡Tomala! Melba Escobar de Nogales (Cali, 1976). Isabel Botero (Medellín, 1976). Laura y su abuela pasaban varios días a la semana juntas y los jueves después de natación iban a tomar onces a una cafetería en La Soledad, donde ya las conocían y se sentaban, frente a frente, cerca de una ventana que daba a un jardincito trasero. Su cuerpo se estiraba flexible como una rama y volvía a incorporarse como si hubiera sido doblado por una ráfaga súbita de viento. Autora de la novela La lesbiana, el oso y el ponqué . ¿Cuál era la probabilidad de que sucediera un reencuentro en la ciudad de seres invisibles? Al darnos cuenta de que estábamos pensando en lo mismo, nos miramos. Oí puertas de carros y motores arrancando, y después, el silencio. Él ante mis deseos. Es la hora pico. La pobre, humildita —como dice mi mamá cuando la muchacha de la finca llega mirando al piso—, corría a ver qué se le ofrecía a la señorita Rosario: no pregunte pendejadas, lo que sabemos. Nadie se lo puede negar, ella las oyó hablando en voz muy baja cuando pensaban que no estaba cerca. Eras un oso sin barba, sin vellos en los brazos, y aun así sufrías de calor. Beatriz se inclinó para buscarlo. —¿Cuál? Una enfermera entra y le extiende un recibo para que lo envíe al seguro de salud. —¿Por qué el chico dice que cuando sea un adulto quiere ser un gato muerto? Los vestidos de las princesas, los sombreros horribles de las reinas, los palacios, los escándalos tan inocuos pero tan reveladores, los amoríos, las drogas, la anorexia. Los pies proletarios. Pobre Emilia, anormal entre las especies. —¿Otra vez este vividor que lo único que quiere es sacarte la guita que tenemos? —Siento que estoy empollando mis propias carnes. Me da mucho miedo quedarme sola con Mateo. Los botones de su camisa se perdían entre sus dedos gruesos y sus uñas mugrosas. Eso me gustaba. Pero estos son días de vacaciones y no llegarán sino hasta el almuerzo, después de su caminata de dos horas a la finca del tío Eugenio. —Para dentro de trece días —anuncia tras varios clics, y su sonrisa no me permite protestar. Me pregunta si me voy a casar con el que ella llama mi novio. Besos, V. 5. Las miradas inquisidoras de las demás te atraviesan, se dirigen con puntería hacia tus nalgotas arrebatadas por el sacudón del baile en puntas. Alumbramos con una lámpara el agua oscura y vimos un sapo muerto flotando cerca del borde. Me dio asco el pensamiento también. Los cuchillos. Se para de la cama sin ropa y va a la cocina a picar un par de aguacates con tomate y queso. —susurra Leticia, mirando a su alrededor, como si hubiera dicho «matemos a alguien en este parque ahora». No fui capaz de decir nada y él no dijo «gracias», tampoco «perdón» ni «por favor». PARÉNTESIS Mónica Gil Restrepo Me levanté con un ánimo inusual. Al otro día ellos fueron los que se bañaron juntos. Me salto cualquier especificación sobre mi educación, mi procedencia, mis intereses, y escribo una frase con mis intenciones: «Sin rodeos». Y entonces ellos se daban un tímido beso en el cachete y todos gritaban: «¡Yeeei!». El día anterior había almorzado un kebab de falafel con papas fritas que formaban grandes círculos de grasa transparente en un papel marrón. Era como si una suave brisa derrumbara un edificio viejo desde su base. —Buen apetito, mi niña. —Me vas a matar de la tristeza. Ruégale que no sea así. Y se invade también de su olor, del olor que traen de sus gentes, de su cocina, de sus calles, del beso que les dieron a sus hijos, a sus maridos y a sus amigos antes de que partieran a la ciudad. Levanta los hombros. En la fiesta, Mildred quería besar. La masa la sentí hace meses: redonda, densa, no cede ante la presión de mis dedos. Escritora graduada en Filosofía y Letras, con maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Leiden en Holanda. La frigidez de la mano se extiende por el brazo hasta su teta izquierda. Ya le dije. Manual de cuidados, orígenes, alimentación, Salud, adiestramiento, etc. * —Lo peor que le puede pasar a uno es no creer en nada, dice la Negra, Mercedes. Mientras me mira y la miro pienso por un segundo que a Soni la vida le ha dado suficientes golpes para considerar como un credo que todos ellos fueron necesarios para ser lo que es hoy: una mujer de cuarenta y cinco años que puede caminar sin ropa con la certeza de su cuerpo y de que a la vida no se le debe nada. No necesitaba pechiche ni zalamerías. Un día enjabonamos el baño de invitados. ¿Te imaginas que en vez de hoteles la gente alquilara habitaciones de sus casas en todo el mundo? —¿Querés gotas, Leti? Tenés que hacer que cada cura de cada barrio de Brasil sienta ganas de cogerse al pibito de la esquina. Yo me fui detrás. La modista, contrariada, apuntaba sus medidas cada vez más chicas en un cuaderno a rayas. outline: none; Lo que más le gustaba era ir los viernes a cantar karaoke en un bar que había en nuestra calle. Mamá me dejaba pensar sola. Parecían cómplices, además, como si entre los dos hubiera un puente invisible y sólido por el que sólo sus secretos podían transitar. No hay sabor. Te acabo de decir: alguien me quiere matar, gritó desde el otro lado. Durante la tarde del día de su cumpleaños, Verónica recorrió corredores y habitaciones atiborrados de camillas, visitando enfermos, hasta que la llamaron a Urgencias para atender a una niña que yacía con la boca paralizada, como en pleno rigor mortis . A Verónica le hizo gracia la idea. Las tres chicas están sentadas juntas y cuchichean cosas que jamás entenderé. Sale sonriendo y moviendo la cola de su vestido de novia, agarrada de gancho de su nuevo esposo, en una playa de arena blanca. Es probable que me quede aquí haciéndole compañía. … ¿Cuándo fue la última vez que nos dimos un beso? Otro par de minutos y luego pone el cabezote en su lugar y, transformada, me observa con la mirada blanda de quien sabe que su trabajo se encuentra en una línea dolorosa. * Cuando algo bueno me sucede, marco el número de la casa de la mamá de Poli sólo para que el contestador me repita que la línea ya no existe. var w = d.getElementsByTagName('script')[0]; Se da en adopción dogo argentino macho de 2 años de edad, personas serias, responsables y con amplio espacio para el can. Pongo mis fotos con mi cara porque siento que no soy importante y que nunca nadie se tomaría el trabajo de confirmar mi identidad. No sé qué vio Poli, pudo haber alucinado con una escena de telenovela, pero creyó que la iban a matar y se fue corriendo a la cocina. Y allí, justo allí en la orilla, en los bordes y en los extremos, yo lo he imaginado a él, lo he imaginado todo en mi espalda. La habitación se llena de un silencio acompañado por la respiración agitada. Sóbale la coronilla, consiéntela como cuando eran niñas y dormían juntas, y pídele que pare todo, que no insista en hacerte esto. Cuando salieron los muy hijos de puta hicieron una pintada en la fachada que decía «Doctor Comunista». Me duele, me duele todo el cuerpo pero no es culpa tuya, no es. Se me nubla la cabeza por un segundo y al siguiente me quiero ir. La pañoleta formaba pliegues muy ligeros sobre su cabeza pequeña. Claro. Piernas de pata de pollo, piensa Leticia, mientras carraspea para llamar la atención. Tuve mi primer orgasmo. —pregunté. Voy a intentar dormir un poco antes del velorio. —Déjatelo largo unos años más. Estiré su cama y dejé la muralla de almohadas como la había encontrado. Papá no era de cobre, lo había visto desnudo. Ahí estaba yo, en calzones y brasier, subida en un cojín, mirando mi reflejo diagonal, bajo una luz difusa y pareciéndome mucho y muy poco a una persona que nunca conocí y sin la cual yo no podría estar viéndome en ese momento tan parecida a ella. RETORNO Andrea Mejía Manejaba un tal Max. Esquivo una bicicleta que viene directo a pisarme el pie. Que me queme. Arrimo una silla. La cantidad del depósito podría variar (aumentar) dependiendo de las condiciones que imponga el operador, hotel o proveedor de servicio. ¿Qué tomó? Enfrentarla. Y tenía el meñique ñuco, y el índice que no indica nada más largo que el pulgar, y las uñas redondeadas, ligeramente parecidas a garras, como las mías. Saca su labial. Max lo adelantaba con un zumbido. ¿Todo bien? Puso el índice sobre sus labios en señal de silencio y me dijo en voz baja que si escuchaba atentamente podría darme cuenta de que se avecinaba la conejera. No me interesa. —No tengo dinero. Manolito hace todo el ruido posible para despertarme, tal vez con la intención de comenzar otra pelea. Sus dedos ágiles se movían sobre el teclado. Volver a casa insatisfecha y pensar que la próxima vez podría irme bien. Después llamo a mi madre, que es como una amiga de emergencia, una que no supera del todo su papel de jueza. Arqueé mi cuello hacia atrás, hacia la ventana, y vi cada detalle de las gotas de agua pesadas que golpeaban el vidrio, como si quisieran entrar a salvarme de lo que estaba sintiendo y no podía comprender. Pienso en los órganos que funcionan dentro de sus cuerpos reales y me pregunto si serán iguales a los nuestros, a los que seguramente ahora los médicos sacan con premura y delicadeza de tu cuerpo; o si serán diferentes, los órganos reales, de sangre azul y carne negra. Algunos animales llegaban a morir en la piscina, buscando agua se encontraban con cloro. Sí sabían que la imagen tenía un filtro, quién no los usa hoy. —Es amor, flaca, yo a vos te quiero. En el examen sacó tranquilamente su mapa y escribió con tinta sobre el lápiz. Primero pensé que podría servirle mucho una sesión con el acupunturista chino que me está curando de una hinchazón dolorosa que lleva semanas creciéndome en los intestinos. Y eso empeora lo que ya está tan jodido —sentenció Verónica la mañana de su cumpleaños número veintiséis. Y se hunde. Con una determinación repentina, decidí ir a buscar un café; fue como si alguien a cargo hubiera vuelto a casa. Su sonrisa me hizo pensar que podía confiar en él. Ciudad de México, Xalapa, No hablamos nada en el trayecto de vuelta, tampoco mercamos. Una calamidad… —Su tono cambia a voz de viejos amigos—: Haceme un favor. Volví a abrir la persiana de mi ventanilla. Me recorre la cara con sus ojos chiquitos y me dice que tengo muchas ojeras, así, de frente, que seguro estoy muy cansada, que por qué no me voy. Yo la espié desde la puerta de mi cuarto, donde siempre tuve un buen ángulo para verla sin que me notara (o por lo menos eso creía). Una tormenta espesa saltó hasta la mesa y se mezcló con el chocolate que ya goteaba sobre el piso. —Eso debe ser que tiene hambre. En mi teléfono: un número privado llama. No soporta que Merce y la abuelita Rosa y las primas hablen mal de su mamá. Lavábamos nuestra ropa en las máquinas comunes del edificio donde yo vivía porque en su edificio no había lavadoras. El teléfono apagado. Primero dejó de contestarme todos los domingos. Mis alumnas ignoran con férrea voluntad todo lo que trato de enseñarles. Los que ahora desplegaba eran tan pares y tan redondos como sus dedos de los pies (y también la suma de ellos), y esos no los resistía. ayuda a producir leche MAXYMAXX EsSeguro Y Da Resultados Rápidos si tienes un bully o bulldog un mastín o, ... . Sus ojos grises estaban encendidos desde adentro. Pedirle que se quede a su lado. Recordé oír de tu boca por primera vez lo de la sangre azul. Le pide que respete a su madre. 64 páginas ilustradas con numerosas fotografías en color de gran... Cachorro dogo de burdeos macho inscrito en el KCC, 3 meses, vacunas al dia.ambos padres a la vista, ADOPCION CACHORRO PADRE FILA BRASILERO, MADRE DOGO ARGENTINO Somos compañía unos de los otros. Al verla trato de buscarle la sombra de la traición, la cara de mujer triste. Encuentra todos los anuncios de Compra venta de caballos, transporte y monturasde segunda mano en Bacaicoa/Bakaiku. Cuentan con su carnet En Merida Yucatán zona norte Se pueden venir a ver Información 9992386074, Chocolate tricolor $40,000 c/u Va a salir toda reactiva y se va a alterar el experimento. Por qué se evidenciaban las clavículas y las costillas, por qué ese cuello tan largo como de ganso, por qué las piernas sin carne y sin gracia; dónde estaban los rollitos que anunciaban la buena salud, la fuerza física de su linaje. Miro las fotos y trato de imaginarme cómo se moverán esas personas tan bellas y estáticas. La aguja bajó y la enfermera anotó el número. No gasta mucha luz. Qué dice Google… No dice. Estar ante unos ojos es traicionarse sin traicionarse. Nunca hizo el camino de Santiago que su marido calificó de moda hípster, no pagó sus propias cuentas, ni ejerció su carrera, ni quebró un vaso. Leticia no siente nada. Estado de México, HERMOSOS BULL DOG INGLES EXOTICOS Y TRADICIONAL, Guanajuato, Arquea las cejas y abre los ojos en desafío a las palabras del agente. Latía tanto, que decidió quitarse el pantalón y revisar si algo estaba mal. Después de un rato cambio a Mateo de lado. Ayer lo llamó mi madre a contarle sobre mi ascenso. El cuerpo es un dolor, es un dolor embudo. Hermoso cachorro de dos meses, ya cuenta con dos vacunas, desparasitado, listo para su nuevo hogar. De ella heredé la nariz recta y larga, pero el resto siempre me hizo sospechar que había sacado el cuerpo de mi papá. Porque todo debe ser sobre ella, caer encima de ella y morir en ella. ¿Crees que «lo siento» son palabras mágicas? Su parada es la siguiente. Oigo que abren la puerta de la casa. Empieza a arañar la culpa jesuita, monógama y de buena familia. Ser quien da las órdenes y no quien las acata es algo nuevo para mí. La mujer lagrimea y nadie, salvo ella, voltea a mirar. Sé que tiene amigas y me tranquiliza pensar que tal vez habla de eso con ellas. Se desvelaba a causa del malestar. Ya no era esa niña del grupo juvenil, pero tampoco era capaz de sobrevivir en las fiestas, con un montón de tipos dándole trago y hablándole con palabras que le parecían absolutamente intrascendentes. Le dejo el bebé a mi mamá para que le saque los gases. Ni las manos, ni las manos suaves, ni las toscas. En el colegio ella sólo piensa en el momento de llegar a su cuarto y acariciar a Ladito. Le dieron ganas de besar y gritar «sí, sí, cógeme el coño». MAS INFO AL ESP 930043900. Sólo tomarme las fotos y saber que ella las va a ver y me va a desear hace que la humedad llegue a mis muslos. ¿A dónde? Siempre lo decían. No me gustan los payasos ni aunque sean de madera. El café que queda a una cuadra de su casa está a treinta minutos de la mía. No me acuerdo. Jalisco, Aromaterapia Relajante Para Perro Golden Dog 250ml, Tijuana, Y la leche fría se va por el sifón. Su mamá le ha dicho que cuando te dicen «no» debes aceptarlo y hacer como si no te importara, así te quieras comer las uñas y arrancar el pelo y tengas ganas de tirarlo todo para que te den lo que quieres. Yo no sabía por qué ya no iba al colegio, nadie me explicaba. Sí, contesté. Me siento mucho mejor al ver que ella quiere provocarme. Me sorprendió lo poco que escondía la Viuda, aunque parecía coherente con su sobriedad. Hizo un par de buches, pero en vez de escupirla se la tragó. El sinsentido es general. La ida a Bogotá había sido triste. Tal vez abracé a mis amigas sin decir nada. ¿Qué canción vas a pedir? Se acerca a la puerta cuando escucha una gritería endemoniada. Piratas tambien hay. Me quité los zapatos y me senté en el tapete mullido de nudos. Debiste haberte casado con el caribonito que tus tías amaban. Escritora y editora. Explícale el orden divino del universo. Te acuerdas de cómo el reflejo de Goofy flaco en el espejo cobraba vida propia y regañaba al gordo por glotón, y te apartas del tuyo antes de que pueda reclamarte algo. Haré la lista en mi mente mientras las tías rezan los rosarios y la gente come empanadas y toma aguardiente. —Ah, no, sí. A su lado iba una mujer joven, y dos sillas más allá, una niña dormía con la boca entreabierta. Le parecía inconcebible que su esfuerzo no viera resultados y sentirse aniquilada, aprisionada en cada nueva celda de Excel. Se convierte en mis deseos. Uno muere para revivir en otra carne, para estremecerla, para ocuparla, invadirla y habitarla. Sin embargo, las costumbres se nos meten en el cuerpo como alimento y nos es difícil encontrar nuevas maneras de interpretar la irregular sintaxis que es la vida. Sólo que ahora no se puede porque tampoco hay finca. Me importa un bledo lo que diga el pequeño demonio de mi hijo. Departamentos - Casas - VENTA. Ha escrito varios documentales, entre los que se encuentran Cañonazo tropical (Caracol TV, 2016) y Colombia en el espejo: 60 años de la TV en Colombia (Caracol TV, 2015). 'path': 'segundamano.mx/listados', Le respondí que los médicos sólo creemos en la ciencia. Abro los ojos. Ni sus padres ni los míos nos daban dinero. Un chofer me recogía en el colegio y me llevaba a la casona donde alguien me daba onces y me ponía a hacer tareas. Tal vez dios se equivocó y ella debió ser niño. No hay sabor. Cuando vuelvas a Bogotá, papá se habrá ido, me soltó con rabia. Al terminar la clase comienza la fiesta y suena Sopa de caracol . Me preocupa, sobre todo, lo que dirían mi novio y mi mamá. Es tan fácil. Esa misma noche y todas las de ese mes, el más caluroso del año, Leticia y el enano no pegan el ojo. ¿Quieres un cafecito? Ser sin los nombres. Leticia hace todo lo que la señora le ordena. No sé si me dijo la verdad. Me recibe cinco minutos antes de la hora. (( [email protected]))Este cachorro de husky siberiano tiene 12 semanas. —¿Las notas? Fátima Vélez (Manizales, 1985). Había nevado la noche anterior. El animal prefiere el concentrado seco de siempre. Es el Día de la Mujer. Algunos nos pitaban. Tiemblo de nervios y me siento ridícula: maldita rubiedad, maldita cultura de hombrecitos, malditos jesuitas por diseñarme para la heterosexualidad. Entonces tal vez el hígado no esté totalmente limpio, tal vez tenga una que otra cosita, pero estaba en la lista de tus órganos, aprobado, ya seguro en una loncherita congeladora camino a alguien que lo espera. Podría, pero no. Para Poli es fácil decirlo porque ella siempre ha sido buena enderezando desastres. En lugar del papel con la lista veo una mesa de cirugía y sobre ella el pecho abierto de un niño y dentro del pecho tu corazón enorme. Llego al patio de ropas. Mi papá, que siempre llamó a mi abuela la Viuda —no recuerdo cómo le decía antes de enviudar—, se refería a su padre como Papá, con mayúscula, como si fuera el papá de todos. Me aguanté las ganas de decirle que me estaba haciendo daño. El espejo me devolvía una imagen ampliada de Concepción de Ulloa. Alguien dice que Airbnb ya está avaluado en treinta billones de dólares, semejante idea tan marica. Fui a la ducha y me depilé las piernas. Tomamos la calle 92 hacia los cerros en silencio. Cuando llegó a nuestro puesto, un auxiliar de vuelo con chaleco azul, bigote y gomina en el pelo nos preguntó qué queríamos tomar. El policía se los rapa, y en un soplo de astucia los revisa, ayudado por la luz de una linterna. Entonces me di cuenta de que nunca le había visto los pies. Le digo con mis ojos: No te voy a dejar caer. No tocas el nombre. Tenía en una mano una revista The Economist y en la otra un lápiz que se apoyaba en la comisura alegre de la boca. Al llegar al terminal busqué mi vuelo en las pantallas azules del primer piso. ¡Compra y vende al mejor precio en Milanuncios! La culpa ideológica vuelve a apoderarse de todo. Me siento más humana si la conozco o la escucho. Recuerdo que se coge con diez palabras o menos. Me miró por un segundo, como si antes se hubiera olvidado de mi presencia. Tose. —dice Luciano, invitándola a pasar a su departamento. Mamá lloraba. El papá te miraba con desaprobación cuando tomábamos cerveza en las noches de la finca, tú con ruana, aunque no hacía frío. Y mi jefe es un imbécil —dice, presa de un ataque de pánico. Lo había escuchado antes en otra estación. Cerró los ojos. Después de la escena de los gritos y la palmada y el Te odio ojalá te mueras, lo único bueno es que no fue tan difícil descoserlo, pero eso sí, su mamá habló muy seria cuando dijo No puedes sacar a Ladito de la casa ni mucho menos llevarlo a la finca. Se veía contenta, muy bien sentada con su retoño en los brazos, y la mano protectora de su marido en el hombro. No hay que hablar en inglés. Me dio la goma de tu mamá. DESCANSO PLACENTERO Y SEGURO PARA TU MASCOTA Siente que ha llegado alguien de otra dimensión. No perdés nada y ganás lo que no tenés —dice el enano, realmente excitado. Un número privado vuelve a llamar a mi celular. El tiempo se acabó. Algunos moretones se asomaban entre la manga de su saco, y su muñeca parecía a punto de romperse. Dormiría un buen rato. Quisiera tener la valentía de ponerle precio al tiempo conmigo, pero mis inseguridades no me lo permiten. Poli LSD. En realidad me estoy muriendo. Los dueños de la casa me encontraron medio inconsciente con la aspiradora todavía encendida. Mi amiga Nancy tenía una mamá así y no la dejaba ni siquiera tener sus propios pensamientos, invadía todos los espacios con su presencia empalagosa. En un acto de supervivencia, Leticia encuentra el freno de mano y lo jala mientras se escucha por toda la avenida, como un eco dramático, el rechinar de las llantas de la gran máquina celestial francesa que intenta detener a toda costa, haciendo una entrada ejemplar, de espectáculo circense, al retén policial. Voy a ver si veo alguna de estas películas. 365000 pesos $ 365.000. en. Te abren y te escarban y yo miro desde arriba como si fuera una cámara o un alma de las que quedan flotando en el quirófano. —Bien, ma. De repente entiendo las infidelidades de todo el planeta, comprendo que si se escucha demasiado esa pulsión en la panza, la cabeza se apaga y nos reducimos a entes genitales y calentones: sin diálogo, sin contradicción, sin dialéctica. Me dice que me dejó el recibo de un mercado que hicimos hace dos semanas, para que por favor no olvide dejarle la mitad del dinero. Feminista colombiana, residente en Argentina desde 2012. Me puse ropa interior negra, una falda y una camisa básicas. No se tiene confianza hablando en lengua extranjera. Fue el primer cumpleaños que pude pasar con ella. Aceptó que le diera un masaje en la espalda, cosa que me alegró, porque por primera vez no era yo la que necesitaba que ella tratara mis dolencias. Se expande el deseo. Camila decía que el amor verdadero se sentía en la saliva. Comprendí que esa mujer llevaba muchos días sin hablar con nadie. Ni hablar de los mosquitos, que se embriagan con su sangre y la dejan como una mazorca seca. Metes un pie y luego el otro mientras tambaleas y tratas de no irte al suelo. Ha publicado los libros de poesía Casa paterna y Del porno y las babosas , en colaboración con la artista Powerpaola. Las piernas están pesadas. El sol se detiene. A nosotras nunca nos importó saber a dónde íbamos; lo único que queríamos era estar en constante movimiento. ¡Lo supe desde el día que lo parí! Su pañoleta se deslizó hacia atrás y dejó al descubierto una parte de su cabeza desnuda. Salías en pleno invierno apenas con tu piel. Su jefa, de sesenta y un años, estaba teniendo sexo. Mantuve la calma porque nunca nadie había sacado leche de mis pechos, pero tuve ganas de correr y encontrar de camino a casa a alguien que me cogiera en un callejón, bajo la lluvia. Laura decía que tal vez era porque no había llorado la muerte de mi mamá, y que como mi papá había hecho las veces de papá y mamá, entonces era como quedarme doblemente huérfana. * 120, 120, 120, 123, 127. Tomamos las llaves del carro, y sin tener permiso de conducir nos fuimos a la oficina de su papá. Porque todo tiembla, todo se mezcla. No debiste dejar que se fuera, no debiste hacerlo. Beatriz tomaba una, se la llevaba a la boca, abría un poco sus labios descascarillados y tragaba la pastilla sin agua. j.async = true; Contaba todo como si estuviera hablando de alguien más. Que pase días como un náufrago, o meses, o años. Cachorros chihuahua en venta lima perros raza. Un par de doctores me miran mientras reviso la lista. Después estira el brazo, se arremanga la blusa favorita de sapos rojos y, tal como lo ha dicho Gabito en su monólogo rebuscado, saca una fuerza natural de sus entrañas negras y llenas de bilis y le rompe la boca de una palmada seca. —Y encima de que perdés mi auto, la máquina celestial prodigio de la ingeniería francesa, la herencia de mi viejo, leo la mierda de capítulo que escribiste… De repente siento cómo se me inflan los huevos y no puedo más. Nunca las voces al oído con palabras dulces. La sentencian a veinte horas de trabajo comunitario; le retienen la licencia y no podrá conducir durante dos años. —Y tus tíos, ¿siguen ahí? Cuando llevaba la fantasía hasta días después de la muerte de mi papá e imaginaba su ausencia y los espacios llenos de estar sin él, me daban arcadas y pasaba horas llorando inconsolable en mi cama. Mejor juntas, le digo. La casa de Soni no tiene muchos detalles personales, es un espacio absolutamente genérico. 'region': 'Mexico', Siente que una sombra pequeña la sigue. No debiste haberle contado sobre el queso holandés ni sobre Goofy, ni sobre el miedo negro que te despierta con una convulsión en las madrugadas, ni sobre las galletas de chocolate que escondes en los cajones del baño auxiliar. Hay otras nueve mujeres que hacen parte del proceso. Tomé un par de sorbos de chocolate mientras lo miraba a los ojos. Cuando se comprometió con Alejandro, su suegra la ayudó a elegir el vestido de novia, que después de cada prueba tuvieron que achicar, porque en los seis meses previos a la boda bajó diez kilos a causa del estrés. Forma mapas para desubicarse, para no sentirse fijo en un lugar, para no establecerse. Es conferencista y escritora. Estudió Literatura en la Universidad Javeriana y un posgrado en Escritura de Guion en Buenos Aires. Le tomo una foto con el celular, tiene una camiseta de rayas azules y blancas y un pantalón azul, la subo a Instagram. ¿Por qué tatarean mientras lo hacen?
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